08
Mar

Día internacional de la mujer

He compartido el tajo en el hueco con docenas de compañeros, de todos he aprendido, pero ninguno de ellos es mujer y lo lamento… ¡me queda tanto por aprender! He conocido mujeres en la dirección y en la oficina, algún día tengo que escribir, lo prometo, sobre su valor y su valía… pero no hemos compartido herramientas, ni penurias en la obra, ni el runrún de una avería escurridiza,  ni la alegría que se siente cuando por fin conectas y el ascensor funciona.

En el sector nos faltan mujeres, requerimos de cuanto pueden aportar a la técnica y a la ciencia, a la relación, al trabajo y al equipo, al día a día, al oficio.

Así, por lo pronto, nos urge un grupo de mujeres ascensoristas que ayuden a enviar, a la selva o al carajo a algunos simios básicos (que, tristemente, haberlos “haylos”) y  una vez despejado ese campo, nos vendría bien otra mirada, otro saber, otra forma de entender el lugar de cada quien y de cada cosa. ¡Qué bueno sería, desembrutecer, complementar, igualar, romper, sumar, abrir, subir, volar…!

Hoy 8 de marzo, en lugar de pintar una camiseta o una pancarta he pasado un rato, con mi hijo, redibujando un ascensor. Ojalá llegue el día, no sé cómo ni cuándo, en el que, compañeras y compañeros, montemos ese aparato mano a mano. Llegará, ha de llegar, en ello estamos. Seremos, entonces, todas y todos, plenamente ascensoristas, ascensoristas de guardia, a su servicio.